Juan Carlos Castillo, Luis Maldonado, Julio Iturra & Francisco Meneses
La desigualdad económica es un tema que se ha tomado la agenda nacional e internacional en el último tiempo. Las amenazas que representa la desigualdad para la democracia (bartels,schlozman), la creciente desigualdad entre países (milanovic), así como también la concentración de los ingresos en el 1% más rico (top incomes) representan un desafío a las ciencias sociales a la hora de dar cuenta de los orígenes y consecuencias de la desigualdad. Este desafío parece ser ahora más relevante que nunca en un contexto de estallido y crisis social en Chile desde el 18 de Octubre de 2019.
Las aproximaciones tradicionales de disciplinas como la economía han puesto el énfasis en la medición de la desigualdad objetiva vía ingresos, mientras la sociología se ha caracterizado por el estudio de clases ocupacionales y movilidad social. También desde la sociología han surgido perspectivas que enfatizan el rol de la subjetividad, relevando aspectos como la medida en que esta desigualdad es percibida y eventualmente rechazada (o justificada) por los individuos (Barozet, Castillo, Araujo). El foco en percepciones y justificaciones de situaciones de desigualdad emerge en el debate nacional sobre crisis social, toda vez que los indicadores de crecimiento y desigualdad por si solos no permiten establecer una asociación clara con el escenario actual del país.
En el presente trabajo vamos a abordar de manera principalmente descriptiva algunos elementos de la investigación empírica sobre percepción y justificación de desigualdad, de modo que pueda servir como insumo al debate contigente. En esta línea, nos parece relevante asumir una perspectiva temporal de comparación, es decir, en qué medida la percepción y la justificación de la desigualdad han cambiado en Chile los últimos 20 años. Para ello, utilizaremos datos disponibles del módulo de desigualdad social de la encuesta ISSP (International Social Survey Programme - www.issp.org), aplicada en Chile en los años 1999, 2009 y 2019. Los datos de esta encuesta ofrecen una oportunidad única de analizar en el país en qué medida aumenta o disminuye la percepción de desigualdad, así como su justificación. Este trabajo tiene sus antecedentes principales que analizan el período 1999-2009 (Castillo), y que ahora se extiende una década más.
El documento se estructura de la siguiente manera: en primer lugar se entregarán ciertos antecedentes conceptuales y empíricos para el estudio de percepción y justificación de desigualdad, para luego mostrar resultados comparativos en el tiempo. En la segunda parte se le dará énfasis a las relaciones de estatus objetivo y subjetivo con la percepción de desigualdad, así como al cambio de estas relaciones en el tiempo.
Los estudios de desigualdad y justicia social han sido nutridos por múltiples perspectivas. Desde la filosofía política, se han dado amplios debates respecto a cuál es la manera normativamente correcta de distribuir los recursos, debate en el cual participan autores como Dworking o Sen. Al respecto, Rawls (1971) señala que los estudios sobre la justicia social deben considerar en su análisis las creencias concretas que poseen los sujetos, no para quedarse ciegamente con ellas, sino para generar un “equilibrio reflexivo”. Desde esta línea teórica del estudio de la desigualdad se desprende la importancia de conocer los criterios de justicia de la población.
Desde la sociología se ha dado tradicionalmente un acento empírico al estudio de la desigualdad. Esta disciplina no solo tempranamente abordó el estudio de la distribución objetiva de los recursos en una población, sino que también pueden observarse reflexiones en torno al modo en cómo los sujetos perciben y se justifican la desigualdad existente. Por ejemplo, Max Weber realizó un gran aporte con su concepto de estatus subjetivo, con el que se refiere a la valoración que existe entre distintos grupos sociales. De manera más reciente, se han incorporado a este tipo de estudios el concepto de actitudes y percepciones hacia la desigualdad económica, relacionando dichos conceptos con la legitimación de la desigualdad (Huber & Form, 1973; Mason & Kluegel, 2000b; Mau, 1997; Stollte, 1983).
El estudio de la desigualdad en términos subjetivos se puede abordar desde distintas perspectivas. Desde la investigación de encuestas de opinión pública las preguntas directas por desigualdad, en particular por desigualdad percibida, presentan una serie de limitaciones toda vez que la mayor parte de la población (en diferentes países) tiende declarar una alta desigualdad percibida. La limitación consiste en que esta aproximación captura escasa variabilidad, y por lo tanto no entrega mayor información sobre diferencias entre personas ni en el tiempo (Castillo, Miranda & Carrasco). Al respecto, una posible alternativa para analizar tanto percepción como justificación de desigualdad mediante encuestas consiste en una medida indirecta de desigualdad salarial. Para ello se utilizan preguntas respecto de salarios percibidos y justos respecto de una serie de ocupaciones. En la encuesta ISSP existen 5 preguntas referidas a percepción de salarios que están presentes tanto en la versión 1999 como en 2009. La pregunta es: ¿Cuánto cree Ud. que gana un …? Luego, se mencionan las siguientes ocupaciones:
• Obrero no calificado de una fábrica
• Vendedor de tienda
• Médico de medicina general
• Ministro del gobierno
• Gerente de una gran fábrica
Las respuestas son registradas como una magnitud en pesos. Luego se pregunta respecto a las mismas ocupaciones cuánto creen los entrevistados que se debería ganar en cada una de ellas. Para un análisis simplificado, utilizaremos las dos ocupaciones del extremo del continuo de estatus (obrero y gerente) para así analizar desigualdad salarial percibida y justificada entre ambas ocupaciones. Cabe agregar que al trabajar con desigualdad de salarios es posible considerar dos perspectivas: la absoluta y la relativa. La primera refiere a si el salario de una ocupación o de un grupo puntual es considerado suficiente en sí mismo, y la segunda refiere a si en comparación a otros grupos dicha recompensa es justa. Para abordar la evaluación de justicia absoluta, revisaremos conjuntamente los salarios percibidos y justificados para obreros y gerentes. Luego, para evaluar la justicia relativa, observaremos las brechas salariales justas y percibidas, las cuales corresponden a la división del salario percibido del gerente por el salario percibido para un obrero. Esto nos indicara cuantas veces más creen las personas que gana un gerente en relación con un obrero, así como cantas veces más creen que debería ganar.
El utilizar brechas salariales posee ventajas técnicas en términos de medición. Suele suceder al preguntar por desigualdad e injusticia que las personas de Chile responden que perciben mucha desigualdad y que a todos les gustaría que hubiera menos desigualdad. No obstante, este tipo de preguntas generan muy poca variación entre los entrevistados, lo que dificulta la posibilidad de analizar y explicar dichas percepciones y preferencias. Igualmente maneras ambiguas de preguntar sobre desigualdad tienen el problema de que cuando alguien nos señala que percibe mucha desigualdad no queda claro cuanta desigualdad percibe y por ende puede que aunque respondió lo mismo que otras personas tengan ideas completamente distintas. Una manera de medir las percepciones y preferencias de desigualdad que no se ve afectado por la falta de varianza y que logra ser más específico es el método de las brechas salariales, el cual nos ayuda colocando salarios concretos a dicha percepción de desigualdad lo que permite generar más varianza y especificidad.
A continuación, nos abocaremos a exponer las percepciones y justificaciones de los ciudadanos respecto a las diferencias salariales entre obreros y gerentes. Para ello utilizaremos la mediana reportada por los entrevistados la cual es un buen indicador de tendencia central al no estar afectado por los altos valores de los extremos.
Grafico 1: salario percibido del obrero y el gerente entre 1999 y 2019
Lo primero que destaca de este grafico es la diferencia entre el salario percibido para el obrero y para el gerente. Ambos salarios perciben un aumento en estos 20 años, aunque, en el gráfico, el aumento del salario del obrero es prácticamente imperceptible, mientras que el salario del gerente presenta un crecimiento más notorio. No obstante, proporcionalmente, el salario del obrero creció más que el del gerente, puesto que mientras el primero se triplico, el segundo no llega a dicho aumento. Aun así, en términos concretos, el salario del obrero solo aumento $210.000, mientras que el del gerente $5.000.000.
Resulta interesante que la mediana del salario el obrero coincide en todos los años con el monto del salario mínimo. Esto nos lleva a deducir dos cosas: primero, las personas son conscientes del salario mínimo y, segundo, que asocian el salario del obrero al salario mínimo. En cuanto al salario percibido para el gerente, éste posee una mayor varianza que el del obrero, lo que indica que hay un menor consenso en la población respecto a cuánto gana un gerente. Esto puede deberse a los distintos tipos de gerente que se están imaginando las personas al responder. Por ejemplo, según el estudio de la empresa internacional Robert Half (2018), encargada de reclutar de gerentes para el área de finanzas, en Chile el salario de un director de finanzas de una PYME o mediana empresa varía entre $5.000.000 y $9.500.000, mientras que el gerente de una gran empresa (sobre UF 100.000) gana entre $6.800.000 y $15.500.000 en promedio. Esto nos demuestra que existe gran diferencia entre un alto cargo de una empresa pequeña en relación con los altos cargos de una gran empresa. En suma, tenemos que ha aumentado la percepción de ambos salarios. Estos salarios percibidos no escapan radicalmente de la realidad, ya que coinciden con el salario mínimo y con el salario que ganan los gerentes según el estudio señalado.
El siguiente gráfico nos muestra las medianas de los salarios considerados justos para los tres puntos en el tiempo analizados:
Grafico 2: Salario justo para un obrero y un gerente entre 1999 y 2019
Como puede verse en el Grafico 2, tanto en los salarios percibidos como en los salarios considerados justos existe una notoria diferencia entre obreros y gerentes. Esto nos sugiere que la completa igualdad igualdad salarial no es considerada justa por el grueso de la población, sino más bien existe un cierto nivel de desigualdad salarial que alcanza a ser tolerado o justificado. No obstante, podemos ver, que los salarios considerados justos para los obreros son siempre mayores que los salarios percibidos para los mismos.
Pero ¿Cuál es el salario considerado justo? Si tomamos como referencia el año actual, podemos decir que el salario considerado justo para un obrero es de $500.000 en promedio. Este valor, a diferencia del salario mínimo, se encuentra sobre la línea de la pobreza para una familia de 4 personas, la cual es equivalente a $440.000. Con esto no queremos decir que las personas son conscientes de la línea de la pobreza establecida periódicamente por el ministerio de desarrollo social, sino que las personas poseen una idea de cuanto es un mínimo necesario para vivir (o sobrevivir) en Chile.
Respecto al salario considerado justo para los gerentes, podemos ver que es la mitad de lo percibido, es decir, el general de las personas cree que lo que ganan los gerentes en el país esta sobrevalorado, recibiendo el doble de lo justo. En suma, podemos decir en términos absolutos que la población chilena considera que la desigualdad salarial actual se encuentra lejos de lo justificado: mientras que el obrero gana prácticamente la mitad de lo que debería, los gerentes ganan el doble. Sin duda la exposición a situaciones de injusticia tiene consecuencias y es un potencial para la acción social que lleve a restaurar un equilibrio considerado justo (Homans).
Para analizar la distribución de los recursos de manera relativa evaluaremos la relación entre la brecha salariales percibidas y justas. Para ello se divide en cada caso el salario del gerente por el salario del obrero, y por lo tanto se obtiene una magnitud que indica cuántas veces mas se percibe que gana un gerente en relación a un obrero (brecha percibida), así como también cuántas veces debería ganar un gerente más que un obrero.
Grafico 3: Comparacion de las brechas salariales obrero-gerente, percibida y justa, entre 1999 y 2019
Como muestra el gráfico 3, durante todo el periodo analizado la brecha considerada justa es menor a la brecha percibida, es decir, si bien la justicia no es igualdad absoluta, sí se mueve en la dirección de la igualdad. Además, podemos ver que durante el periodo ambas brechas han disminuido. Si bien en 1999 las personas consideran que el gerente gana 33,3 veces más que el obrero, en 2019, la percepción de dicha brecha desciende a 23,3. Si recordamos que el salario tanto del obrero como el del gerente crecieron, podemos decir que la disminución de la brecha salarial percibida no se debe a la disminución de salarios de gerentes, sino a que el salario del obrero creció más (proporcionalmente) en estos 20 años que el salario del gerente. Si bien a disminuido la brecha, no ha afectado el crecimiento del ingreso de personas de alto estatus y sin lograr elevar el salario percibidos de los obreros por sobre la línea de la pobreza. Ahora, si bien ha disminuido la brecha percibida, esta es todavía tres veces la brecha considerada justa.
Por su parte, las brechas consideradas justas también han disminuido, es decir, las personas cada vez justifican menores diferencias de salarios. Mientras en 1999 las personas consideraban justo que un gerente pudiera ganar 10 veces lo que un obrero, hoy solo consideran justo que gane 7,5 veces más. Dicho de otro modo, si un obrero debería ganar un salario de $500.000, un gerente debería ganar $3.750.000.
En suma, en términos absolutos, podemos decir que, si bien se ha percibido un aumento de los salarios, las personas consideran injustos los sueldos tanto de los gerentes como de los obreros, los primeros por sobrevaloración y los segundos por subvaloración. Igualmente, llama la atención que la mediana del salario justo considerado para el obrero es un salario que permite estar por sobre la línea de la pobreza para una familia de 4 personas y la mediana del salario percibido para un gerente se encuentra próximo a las estimaciones de empresas especializadas en los salarios para altos cargos. Ambos puntos dan cuenta de un relativo conocimiento de la economía, que incluye una percepción correcta de los altos salarios, la desigualdad y los ingresos necesarios para vivir. En términos relativos, el 2019, si bien la brecha percibida ha disminuido, la gente percibe que estas son 3 veces mayores a las que se consideran justas. Esto nos indica que las desigualdades percibidas en Chile exceden lo que las personas están dispuestas a respaldar, lo cual genera un contexto propicio para grandes movilizaciones contra la desigualdad.
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